Ana y Mía

Todo comenzó cuando tenía unos 13 o 14 años. No me gustaba mi cuerpo, mi personalidad, ni nada de mi.
Comencé por mi cuerpo, había pasado una semana y había ayunado ya varios días y comido muy poco los otros, hasta que una amiga llegó de sorpresa para la hora de almuerzo.
-"Por qué no estás comiendo?"- me preguntó al ver mi plato de puré de papas y salchichas lleno.
-"No tengo hambre, desayuné en el colegio."- traté de decir lo más natural que pude.
-"No, no lo hiciste, te he estado observando. No estás comiendo."- "Maldición" pensé.

En ese momento la lágrimas salieron instantáneas de mis ojos y le contaron la verdad a mi amiga, quien me juró que me apoyaría pero no de esta manera, no "matándome de hambre".

Fue ahí cuando me di cuenta que no comer sería algo notorio, especialmente en mi que tenía la fama de comer arto y como si alguien me hablara por detrás de las orejas supe lo que tenía que hacer; vomitar después de las comidas.

Y así comenzó mi camino con Mia. Obviamente no sabía lo que era, no había escuchado la palabra "anorexia o bulimia", y si las había escuchado no había hecho la conexión.

Los siguientes años fueron algo borrosos en este tema, pero se que estaba consciente del daño que podría estar haciendo y por esa razón no vomitaba todas las comidas, de todos los días de todos esos años.

Perdí la conexión con Mía cuando hice un viaje de 10 meses a otro país, no supe de ella, ni ella supo de mi. Y ahí fue donde alcancé mi peso máximo;

70 kilos en una joven de 1,61. 

Al llegar a Chile y entrar a la Universidad volví con Mía, y perdí 10 kilos.

Después de dos años, en el 2010 después de una ruptura con una pareja encontré a Ana de nuevo, no sabía que era ella, porque entró muy callada a mi vida, echándole la culpa al cuadro depresivo que estaba pasando, junto con un cuadro de bipolaridad. Comencé a perder kilos fácilmente, y la gente me felicitaba.
Llegué a los 55 kilos y me mandaron al psiquiatra y al psicólogo, no por TCA, si no que por la depresión. Y ahí fue cuando el mismo psiquiatra me presentó a Ana y Mía que estaban conmigo. Me di cuenta que sí, si están conmigo y han estado por muchos años y ahora este médico quería darme pastillas para dejarlas.

Y así fue, deje a Mía por dos meses, pero Ana estaba más latente que nunca. Las pastillas se acabaron, y con eso mi tratamiento. Y volvieron las dos. Una apoyando a la otra cuando cae.

Media temerosa, comencé a entrar en el mundo donde hay otras personas que piensan como yo. Saben que tienen esta enfermedad, pero no quieren dejarla.
Las llamadas "Princesas"



2 comentarios:

  1. Que historia , pero noe tntendi , hace cuanto estas con ana ?..

    ResponderEliminar